Me gustaría plantear la idea de la vigilancia como elemento formal y de investigación, es decir, estudiar desdde un punto de vista general los roles y juegos que se establecen en un espacio expositivo, donde la mirada se expande de manera tajante y un tanto narcisista entre todos los sujetos que participan en la bacanal museística. ¿Dónde se establecen los límites de lo visual? ¿Quién vigila a quién? ¿Cómo se articulan los complejos sistemas de vigilancia entre el espectador,la obra de arte y el propio vigilante? ¿Es el agente de seguridad el que vigila la obra de arte o es la obra de arte quién vigila al espectador? ¿Qué sucede cuando el espectador vigila al vigilante? ¿Acepta la vigilancia el vigilante? ¿Podemos partir de la aceptación de la obra de arte como un ente real y por lo tanto vivo, al que se le puede vigilar? Si la obra de arte posee una multiplicidad de significados y es el espectador quién la completa, o quién la contextualiza, ¿es el espectador subceptible al propio espacio expositivo?
Quizá exagere, pero resulta muy complicado encontar el momento de intimidad que necesitan ciertos trabajos artísticos cuando sientes la mirada de alguién que no cesa de examinar tus comportamientos dentro de un museo o galería. También resultaría muy interesante la expansión del concepto de espacio expositivo a otros terrenos y otras posibilidades expositivas. He encontrado un juego especialmente interesante entre los diversos puntos de unión que hay entre los agentes anteriormente citados. Creo necesaria la ampliación y depuración de los roles que interactúan dentro del espacio expositivo para crear nuevos relatos entorno al comisariado e intentar expandir un proyecto expsositivo no sólo al espacio de exposición, sino a otros espacios de comuinicación.
Mis intenciones fueron transformándose a medida que visitaba las diversas muestras. Dentro de la acción de ver y estudiar, recordé, “vigilar y castigar” y quizás estudiar los límites formales que podía adquirir una obra de arte dentro de un espacio altamente vigilado y por lo tanto subordinado. Mis principales cuestiones a estudiar fueron las siguientes. Por un lado ver la diferencia que existe entre las obras de arte “con” y “sin” vigilancia, y por otro lado estudiar la reacción del vigilante al ser vigilado. También de manera paralela encontar posibles trabajos dentro de las exposiciones que puedan replantear o dar un punto de vista interesante dentro del contexto de la antropología visual y de sus múltiples interpretaciones.
La conclusión fue que al vigilante no le gusta ser vigilado. Dentro de esta simple y aparente obiedad, he encontrado una compleja similitúd dentro del contexto artístico y de la vida, es decir, al ser humano y su representación no les gustan sus parecidos. Esta es una idea que intentaré explicar o ejemplificar desde el punto de vista de la vigilancia y que tomaré como eje principal de selección de obras para la creación de mi proyecto expositivo y para el desarrollo de diversos proyectos individuales o colectivos.
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