
Carlos Gil, "FOSA COMÚN" Video-instalación, 5´30´´
Vivimos en un mundo en que la estimulante idea de la multiplicación de los contactos con el exterior, se ha transformado en una amenaza contra la identidad para la mayoría de los supuestos “inquilinos reales y tangentes” de la sociedad. El espacio de lo doméstico se ha convertido en un circo donde el sonambulista camina tranquilo y sosegado por la amplia cuerda de la evolución imaginaria, generando de este modo, nuevos espacios mentales donde la paradoja crea situaciones de absoluta polaridad. Ejemplo de todo ésto es un cajero automático de una sucursal bancaria. Mientras por el día dispensa múltiples cantidades monetarias, iniciando de este modo el proceso de capitalización, por la noche sirve para dar un techo a los que no tienen nada, a los que “no existen” para los ojos de la sociedad del espectáculo.
Aunque lo realmente interesante es que lo que está en juego desde el principio no es la justicia para con los mendigos necesitados, sino fundamentalmente la protección de los ciudadanos contra esos mendigos. Es en este momento cuando la mirada del afuera o el pensamiento del afuera (como lo llamó Michel Foucault) llegan a su máximo exponente. El arte de vigilar y castigar nos translada a ese espacio, a esa celda de circo romano transformado por la postmodernidad en un cajero automático, en un cajero multiservicio
Grande Carlos, real y socialmente irónico
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